El pequeño cerdo capitalista y el niño sabio.


... cuando era niño, cada primero de enero; mi padre rompía a martillazos la alcancía que entre todos habíamos estado llenando a lo largo del año... eran unos marranos de barro gigantescos que daba trabajo cargar, daba trabajo romper y más trabajo daba recoger los restos...

… mi madre, mis hermanas y yo nos reuníamos en breve pero emotiva ceremonia para atestiguar el sacrificio... el matillo bajaba, demoledor, y monedas, billetes, clips, ligas, tejas de barro y materia desconocida se esparcían sobre la piedra de sacrificios...

… como en todo ritual que se precie de serlo, la vida y la muerte se entremezclaban, así que además de sacrificar al viejo marrano le dábamos la bienvenida al nuevo y le poníamos su primera moneda... la de la suerte...

... con las entrañas del marrano nos íbamos todos de vacaciones...

... hace mucho de eso y no recuerdo cuándo fue la última vez que lo hicimos así, juntos... a mí me quedó la costumbre y aunque ya no tenga un gran marrano de barro, y aunque esta vez el producto del sacrificio no será para ir de vacaciones, es bueno saber que en días oscuros como los que corren, siempre hay un último recurso, un último frente, un salvavidas, y que el niño que fuiste, como siempre, llegará para salvarte...

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