Crónicas Cuarenténicas.


Día 10

... no tienes un plan...

... en un movimiento mal calculado rompí el cable del cargador de mi teléfono... tenía 10% de carga así que el aparato no tardaría en gemir lastimero y apagarse...

... al principio no le di demasiada importancia y seguí con lo mío -siempre me han bastado un poco de tinta y papel- pero poco a poco fui avizorando las consecuencias catastróficas que podría acarrear mi Incomunicación...

... en primer lugar pensé en los más queridos, en los más cercanos, en quienes me escriben a menudo para interesarse por mi y por mi salud y que, apocalípticos como son, al no tener respuesta de mi parte, empezarían no por imaginarme víctima del bicho de moda , sino pensando que me habría dado escorbuto, fiebre amarilla, botulismo, apoplejía o abducción extraterrestre...

... imaginé a mis hermanas buscándome en los hospitales, a mi anciano padre tomando un avión desde Mérida para unirse a la búsqueda, a mi madre recorriendo las calles con mi foto preguntando a los extraños si me habían visto, a mis angustiados acreedores valorando la hecatombe de mi desaparición, a mis inconsolables viudas, a mis alumnos disputándose la herencia de mis guitarras...

... todo esto ocasionado por haber roto descuidadamente un miserable cablecito...

... había que solucionar la situación lo antes posible... una peligrosa expedición a la Apple Store o Mobo más cercanas (patrocinadores de esta crónica) estaba completamente descartada... en el remoto caso de encontrar una sucursal abierta, estaría infringiendo la consigna número 1... no salir por ningún motivo...

... decidí entonces rescatar del fondo de un cajón un viejo cautín -herencia de mi abuelo-, un rollo de soldadura y darme a la tarea de reparar el desperfecto...

... descubrí con tristeza que esos tres años de taller de electrónica en la secundaria habían sido un absoluto desperdicio...

... recordé entonces a mi viejo amigo Roberto... era una solución extrema pero a grandes males, grandes remedios...

... Roberto es un sujeto bastante extraño...muchos de mis amigos los son, es cierto, pero él lo es en particular... completamente calvo, atlético, una barba negrísima de gnomo de jardín que estoy seguro le sirve de ecosistema a muy diversas criaturas, hacen que disimule muy bien sus casi cincuenta años...

... Roberto es desde siempre lo que se conoce como un “prepper”... para quienes no estén familiarizados con el término, un prepper es un sujeto que se prepara obsesivamente para sobrevivir una hipotética y futura catástrofe o alteración del orden político o social... suelen tener un refugio subterráneo -ignoro si Roberto lo tiene pero no me extrañaría-, hacen acopio de alimentos, de agua, de baterías, de armas -no es el caso de Roberto porque no ha conseguido el permiso. Alguien pensó que a un sujeto al que difícilmente le darías la mano, mucho menos le darías un arma-...

... el caso es que el tema de conversación de Roberto siempre fue ese... lo poco preparados que estamos ante la calamidad... escribió una vez una novela malísima que trataba de eso y que me hizo leer de principio a fin... les ahorro el relato porque es terrible, pero la moraleja es que sólo sobrevives si estás preparado, si tienes un plan...

...—sigues sin tener un plan, dijo... vas a ser parte de la estadística... te recordaré con cariño porque no eres mal tipo...

... ese fue su amistoso saludo... su voz sonaba como siempre, ruda, cortante, desagradable...

...— por supuesto que tengo cargadores, te los llevo en un rato, pero te va a costar caro...

... —lo sé, le dije, pero no tardes porque mi teléfono agoniza...

... Roberto es un absoluto cliché... llegó en una camioneta descomunal, en un atuendo negro, casi militar... se ve que lleva varios días en alerta roja...

... salí a recibirlo con mi mascarilla... me entregó dos cargadores nuevos, empacados, envueltos en una bolsa sellada... me sermoneó todavía un poco...

...—¿qué vas a hacer si se te descompone el refrigerador, qué vas a hacer si se arruina la bomba del agua, qué vas a hacer si te caes en la regadera?... ¿llamarme?... olvídalo... a diferencia de ti hermano yo si tengo un plan... te traigo los cargadores porque me caes bien, pero ya te dije, te va a costar...

...—ya sé Roberto, ¿cuánto te debo?...

... para mi sorpresa me extendió un grueso fajo de hojas impresas... la primera decía en grandes letras góticas “Versos del fin del mundo” por Roberto Estrada...

...—es mi libro de poemas, léelo y lo comentamos... —no tienes un plan, haz un plan, me gritó mientras subía a su camioneta...

... me quedé parado en la puerta viéndolo partir y con el grueso fajo de hojas impresas entre las manos...

... estaba seguro que aquel movimiento mal calculado, aquel minúsculo descuido, aquel miserable cablecito roto, se había convertido en una auténtica catástrofe y que aquellos cargadores iban a ser los más costosos de mi vida...

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