Crónicas Cuarenténicas


Día 3

... desde muy chiquito aprendí a estar conmigo mismo... no a ser un antisocial, eso vino después... y aunque la verdad es que de niño viví peligrosas aventuras, di bastante guerra y tuve (tengo todavía) muy buenos amigos, cada tanto me recetaba una dosis de soledad y aislamiento... ahora a mis casi 50 lo verbalizo así, pero el niñito de 8 años que alguna vez fui (les juro que lo fui) no lo pensaba siquiera... ignoro por qué, pero era una necesidad casi física de apagarlo todo, de silenciarlo todo, de apartarlos a todos y de mirar para adentro... de modo que pasaba largas horas, largos días, largas semanas metido en mi cuarto saliendo sólo a lo más indispensable... tenía una cantidad ridícula de piezas del Exin Castillo, la colección completa del Exin West (los que estén al otro lado de la brecha generacional googleénlo para que sepan de qué les hablo) y eso daba para muchas horas de juego solitario... también pasaba muchas horas mirando al techo, buscando figuritas y eso; mirando para adentro... nunca me costó trabajo estar solo... más bien, nunca me costó trabajo estar sólo conmigo...

... luego vino el gusto por los libros y por escribir así que las horas de soledad de aquellos primeros años, en realidad las pasé en compañía del Corsario Negro, de Athos, Porthos y Aramis y de un tal Ismael, como me acompañan ahora muchos otros... aunque mucha gente lo encontraba raro o anormal, nunca sentí que pasara demasiado tiempo solo y además cada tanto regresaba al mundo de los vivos...

... tocar la guitarra tenía una doble ventaja... podía pasarme horas tocando a solas o pasarme las mismas horas tocando con otros y para otros, a elección...

... sé que muchos de mis colegas cantautores se sientan juntos a componer con estupendos resultados... yo nunca lo he logrado y sigo considerando el mío un oficio solitario por naturaleza... me refiero sólo a componer... a la hora de tocar prefiero por mucho tocar en compañía...

... mirar hacia adentro, estar con uno, es un ejercicio saludable aunque no siempre agradable y no siempre dichoso... pasearse por los propios rincones oscuros tiene su dosis de deporte extremo... pese a todo, y está lejos de ser una recomendación o un consejo, me sigue gustando mucho saberme disponible cada vez que me busco, saber que tengo siempre cosas que decirme, cosas que averiguarme... poder adentrarme a placer en mi laberinto interno con todo y su acechante Minotauro...

... ahora con su permiso, tengo una plática pendiente conmigo...

... los abrazo a todos...

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